Ella - Pablo Basterrechea - Grada Mágica

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Grada Magica - actuaciones de magia de cerca en madrid
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Tengo que hablaros de "Ella".

Me gusta escribir sobre Magia; mejor dicho, me gusta escribir sobre la buena Magia, la que realmente me aporta algo; la que me hace sentir y vivir, y no solo pensar y reír. Escribir sobre el arte que justifica una afición que –en mí- va ya para el medio siglo.

Hace tiempo que no escribo sobre ella. Y no porque no haya estrellas televisivas llenando los teatros, o cuidadas producciones de gran calidad técnica, o incluso el maestro de maestros recorriendo los escenarios entusiasmando al público con sus juegos de siempre. Ni tampoco porque no existan en España grandes artistas, desconocidos para el gran público pero referentes a nivel mundial, ofreciendo sus interesantísimas ideas en nuevos locales diseñados específicamente para maximizar el disfrute de la –para mí- más mágica de las especialidades del ilusionismo: la Magia de Cerca. En ella, el espectador se sienta –y se siente- junto al artista, percibe que todos los elementos están al alcance de su mano, y forma parte del propio acto mágico -que en realidad solo sucede en su mente-.

Pero no importan las razones por las que llevo tiempo sin escribir sobre Magia. Lo relevante es que hoy sé que me es imposible no escribir sobre un espectáculo concreto, sobre un artista concreto. Lo que hace que esté escribiendo esto ahora mismo es que yo no sería yo si no lo estuviera haciendo. Aunque no lo lea nadie. Aunque a algunos les disguste lo que escriba. Aunque su efecto perjudique mis propios intereses como espectador. Si escribo es porque… no puedo no hacerlo.

El espectáculo en cuestión se llama “Ella”. Solo ocurre una vez cada varios meses, en un local determinado (busca “Grada Mágica” en la web), y cada ocasión solo puede ser disfrutada por 39 espectadores. Bueno, 38 aparte de mí, ya que compro mi entrada en cuanto se publica la fecha; no me canso de verlo. Y el mejor regalo que puedo hacer a un amigo o conocido es invitarle a ver “Ella”, regalo que –por cierto- estoy haciendo ahora mismo a quien lee esto.

El responsable de “Ella” es un artista impresionante, que en su vida real es ingeniero aeronáutico. Por razones personales abreviaremos su “nombre mágico” a “Jose QSY”. Para la mayoría del planeta, Jose es un desconocido. Para mí, es el creador y protagonista del mejor espectáculo de Magia que he visto en toda mi vida. ¡Y he visto a los mejores del mundo!

Desde el punto de vista de los efectos mágicos, de la emoción asociada a la certeza intelectual de la imposibilidad, Jose es un verdadero lince. Siguiendo a sus referentes mágicos, como Pepe Carrol y Juan Tamariz, estudia y estructura cada juego como un reto en el que la mente del espectador no encuentra trampa ni trucaje alguno, maravillándose ante el milagro presenciado. ¡Ni siquiera una mentalidad de mago –y el conocimiento de las técnicas del ilusionismo- superan ese reto! De hecho, uno de los principales méritos mágicos de Jose es que transforma a los propios magos en espectadores profanos, regalándoles –regalándonos- algo que habitualmente hemos perdido para siempre: la capacidad de sentir la emoción mágica, de no encontrar ese secreto que, en palabras del propio Jose, es “la condena del mago”.

Los objetos empleados en “Ella” son bien sencillos: una baraja, una copa, monedas, unos imperdibles… todos ellos son manejados continuamente por los espectadores, antes, durante y después de cada prodigio. Imposible atribuirles la causa de la magia; tampoco puede deberse a la habilidad del mago, que todo lo realiza con la máxima limpieza y claridad, como cuando se volatiliza una moneda en sus manos o cuando él mismo cuenta los cinco dedos con los que sujeta una baraja de cuyo centro asciende mágicamente la carta pensada por una espectadora. Si no son los objetos, si no es la habilidad… ¡solo queda la magia!

En realidad, la magia está en la pasión que lleva a Jose a crear esos milagros, las “chispitas” que aprendió del maestro Frakson. Unos milagros que conforman un espectáculo bello y culto, que como espectador te trata con el máximo respeto y la máxima verdad; contagiándote, transformándote y educándote.


Porque ese es el principal mérito de “Ella”: que no es una sucesión de efectos a cual más imposible. Que es, en realidad, una lección magistral de Magia. Es un artista presentándote a su enamorada, a la razón de su esfuerzo y de sus ansias de compartirlo. Jose comienza su espectáculo agradeciéndote la visita y brindando contigo en el salón de su casa. Y, según va encontrando tu confianza, te habla del poder de la imaginación, del juego de la irrealidad, de la inspiración, de la experimentación para “ir siempre más allá”. Del poder de la magia para escapar de la realidad –a veces dura y difícil- del mundo, y –paradójicamente- para poder mantener la cordura en los momentos complicados.

Los frecuentes detalles de inteligentísimo humor (especialmente cuando Jose se ríe de sí mismo) resultan imprescindibles para poder digerir tanto milagro. También hay momentos de sufrimiento, como los minutos en los que Jose actúa con los ojos vendados, suplicando a los espectadores que, por favor, “no se vayan” mientras localiza una carta en condiciones imposibles. Pero los mejores son los momentos de “no puede ser”, como cuando Jose “rebobina” el tiempo y nos lleva a una situación ya vivida antes y que desemboca en el atisbo de un verdadero imposible.

Según avanza el espectáculo Jose te convierte en un entendido en Magia; te enseña a no pensar en el secreto, a disfrutar de la “atmósfera mágica”, a sentir que el mayor disfrute de la Magia está en entregarse a ella y amarla para que sea ella la que, sin que tú la busques, te encuentre a ti.

Y, tras sus casi noventa minutos de pasión y entrega, terminas descubriendo que Jose ha conseguido que su gran obra mágica… ¡seas tú! Que salgas de allí transformado, feliz al sentir que, existan o no motivos para las magias, para las cosas buenas o malas con las que nos sorprende la vida, lo menos importante son esos motivos.

Lo que cuenta es amar la magia que supone la propia Vida.

Pablo Basterrechea  - Diciembre 2018
Fotografías de Ana Sánchez
Emilio Ortuño 20 - 28038 Madrid
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